martes, 5 de febrero de 2013

LA TRILOGÍA DE LOS DÓLARES



El Django desencadenado de Tarantino no es más que una revisión del spaghetti western tan popular durante los años 60. Así que, ¿qué mejor manera de rendirle homenaje al género con sus películas más aclamadas? Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo conforman una serie de películas dirigidas por Sergio Leone y protagonizadas por Clint Eastwood, que son conocidas como la trilogía de los dólares.

El género del spaghetti western hace referencia al western europeo, especialmente al desarrollado en  Italia (de ahí su nombre). El término lo acuñó la prensa de la época en un tono despectivo hacia este tipo de cine, al que tildaban de violento y sucio, y consideraban un insulto para el sacralizado y pulcro western clásico. Con el paso de los años estas películas han gano ganando reconocimiento. En especial la obra de Sergio Leone, que parece adelantarse a su época, centrándose siempre en la figura del antihéroe (principal protagonista del Nuevo Holliwood de los años 70).

Por un puñado de dólares

La película se inspira en el Yojimbo de Akira Kurosawa. Un pistolero, un cowboy sin nombre llega a un pequeño pueblo donde dos familias se disputan su control. Por un lado los Baxter, por otro los Rojo. El hombre sin nombre (apodado Joe por el fabricante de ataúdes) se plantea convertirse en un mercenario que juega con ambas familias para hacerse pronto con un buen puñado de dólares. Sin embargo, la actitud del pistolero cambia al descubrir la crueldad de Ramón, el líder de los Rojo.

En 1964 un desconocido Clint Eastwood se embarca en el rodaje de El magnífico extranjero que finalmente se titularía Por un puñado de dólares, dirigido por el italiano Sergio Leone. Eastwood no habla ni jota de italiano. Leone tampoco habla inglés. Sin embargo, ambos se entienden a la perfección.

La muerte tenía un precio

Un peligroso y sádico criminal al que se conoce como “El Indio” escapa de la cárcel. Dos cazarrecompensas van tras él y, en lugar de competir entre ellos deciden formar una sociedad para atraparlo. Uno de ellos es el apodado “El Manco” (Clint Eastwood) y el otro es el coronel Douglas Mortimer (personaje interpretado por Lee Van Cleef). Sin embargo, el coronel Mortimer ansía algo más que la recompensa: en realidad “El Indio” violó a su hija empujándola al suicidio. 

La película se estrena en 1965, y Clint Eastwood retoma el personaje del pistolero sin nombre, mercenario destinado a exterminar. Como en la anterior, el público respalda la película obteniendo un notable éxito. Al exitoso binomio Estwood/Leone se suma Lee Van Cleef, que también les acompañará en su próxima película, más grande y ambiciosa que sus predecesoras.

El bueno, el feo y el malo

Con la Guerra de Secesión como telón de fondo, tres hombres buscan un botín oculto en un cementerio. Por un lado están Tuco (el feo) y Rubio (el bueno); uno conoce el nombre del cementerio, el otro el nombre de la tumba donde se oculta el botín. Tras ellos va Sentencia (el malo), que pretende arrebatarles el dinero. Clint Eastwood es Rubio, Eli Wallach es Tuco y Lee Van Cleef interpreta a Sentencia.

El hecho de enmarcar la película durante la Guerra Civil estadounidense, sumado a la personal manera de rodar del director (posiblemente no ha habido nunca un director que disfrute tanto de los primerísimos primeros planos como Leone) y la maravillosa música de Ennio Morricone, le otorga un carácter mucho más épico al filme. Prueba de ello es el duelo final donde los tres protagonistas están frente a frente, en una magistral secuencia donde el uso de todos los tipos de plano unido a la música de Morricone genera una tensión increíble.

El hombre sin nombre

Clint Eastwood interpreta en las tres películas a un personaje de similares características. Un pistolero sin nombre, de pocas palabras, solitario y con una constante expresión de tensión en el rostro. Su poncho, su sombrero y sus cigarrillos son las marcas principales de su atuendo. Una curiosidad: Eastwood no fumaba antes de hacer estas películas. Le preguntó a Leone si su personaje podía fumar cigarrillos falsos, pero le dijo que no. Repetir otra vez las escenas hizo que desde entonces Eastwood se convirtiese en un fumador compulsivo. Respecto a la continuidad de las tres películas no está demasiado claro si el personaje de Eastwood es el mismo o si se trata de diferentes personajes de similares características. El hecho es que si partimos de la premisa de que es el mismo personaje, El bueno, el feo y el malo sería una precuela de las dos anteriores. ¿Por qué razón) Por un lado, porque a lo largo de la película se ve como va adquiriendo su característica indumentaria. Por otro, El bueno, el feo y el malo se ambiente aproximadamente una década antes (en algún momento entre 1861 y 1865) que Por un puñado de dólares, donde aparece un cementerio en el que una de las tumbas marca el año 1873.

Otro punto a destacar de estas películas son su banda sonora. Y es que los filmes de Leone nunca hubiesen sido los mismos sin Ennio Morricone. El compositor se ocupó de ponerle música a las tres películas (aunque en Por un puñado de dólares firmó bajo el pseudónimo de Dan Savio). En su música mezcla ruidos, ritmos amplificados y repeticiones, que unido a sus bellas melodías confieren una sensación de nostalgia y fuerza de una época pasada.

La influencia de estas películas llega hasta hoy día, sobre todo homenajeada por los directores Quentin Tarantino y Robert Rodríguez (su trilogía de El mariachi no deja de ser un homenaje a Leone y el spaghetti western). Por otro lado, hay además otras películas como Regreso al futuro III, donde parodian ciertas situaciones. Desde la indumentaria que lleva Michael J. Fox (similar a la del hombre sin nombre) hasta la adoptar el nombre de Clint Eastwood durante su estancia en el viejo oeste. Pero sin duda el mayor guiño lo realizan al emular el duelo final de Por un puñado de dólares.

A modo de conclusión final, el sapaghetti western y la trilogía del dólar en especial, suponen la desmitificación del oeste clásico por una renovación del género en un tono más sucio y salvaje, a medio camino entre el renacimiento y la parodia.

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